Sinfonía nº 1 La leyenda de la mujer montaña

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Descripción

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2+2+2+2, 4+2+3+1, timp + 3, String.

Cerca de Sucina, en las tierras secas y doradas del sureste murciano, se alza una montaña con la forma de una mujer dormida. Su silueta, recostada entre cielo y tierra, guarda un antiguo secreto.

Hace siglos, cuando las tierras de Murcia aún estaban divididas entre reinos y leyendas, vivía una joven pastora llamada Dalia. Su belleza era serena como el amanecer, y su voz, cuando cantaba entre los almendros, hacía detenerse hasta al viento. Pero más aún que su hermosura, destacaba su alma: fuerte, noble, enraizada a la tierra como una encina antigua.

Dalia amaba en silencio a un joven, Yosef, que trabajaba en las huertas del valle. Sin embargo, sus amores eran imposibles: él, perseguido por la guerra; ella, prometida por su padre a un noble. Cuando Yosef fue capturado y condenado al destierro, Dalia escapó una noche para buscarlo por los montes y barrancos, negándose a creer que se hubiera ido sin luchar por su amor.

Dicen que vagó días enteros sin agua ni rumbo, guiada solo por el fuego del corazón. Al llegar al cerro más alto, extenuada, cayó de rodillas y lanzó un grito que estremeció el aire:

“¡Si no puedo vivir con él, que me funda en esta tierra que lo vio nacer!”

El cielo se nubló. El viento se detuvo. Y la montaña la abrazó.

A la mañana siguiente, los pastores vieron que, donde antes solo había peñascos y encinas dispersas, ahora la sierra dibujaba la figura de una mujer acostada, con la mirada al cielo y las manos cruzas sobre su vientre.

Desde entonces, la llaman la Mujer Montaña, o la Dama de Sucina, y dicen que quien se detiene a mirarla en silencio puede oír, entre las brisas, una voz que canta…